La montaña sirve para entenderse a uno mismo de la manera más natural y viva posible. Yo desde pequeña he sentido la necesidad de ir a caminar sola por la montaña, interaccionar con la naturaleza y disfrutar plenamente. Encontrar tiempo para uno mismo, para pensar, para incluso aislarse ... para descubrir nuevas sensaciones y entornos no hay nada mejor que la naturaleza y la montaña que la contiene. Pero por otra parte yo he vivido la montaña como un reto personal, todas las competiciones en las que he participado (maratones de montaña, esquí de montaña, raids de aventura, travesías, kilómetros verticales ...) han servido para superarme , para buscar aquellos límites que en según qué entornos no encuentras, y al final sentirme satisfecha tras una gran carrera, raid, subida o bajada de una cumbre. Me he sentido orgullosa de mí misma cuando he superado distancias, desniveles, complicaciones técnicas corriente; pedaleando, escalando, remando, ... y cuando con 5 horas por ejemplo he subido y bajado el Aneto desde Benasque. Pero todas estas competiciones no servían para demostrar a los demás lo que una es capaz de hacer, sino para darse cuenta una misma de la capacidad que tiene, del espíritu de superación ilimitado y de la satisfacción personal de haber terminado una competición dura de por sí sólo por las características que tiene. La montaña te prueba, te encuentra y tú te descubres.